sobre el libro
  La Historia y los Cuentos
de La Ciudad de Las Colinas
Escuche a Claudiia Herodier recitarle a Santa Tecla (mp3,1.92mb)
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  Raíces Históricas
  Cuentos
  Sobre el autor
Escuche a Mario Mixco cantarle a SantaTecla (mp3, 2.14mb)
 
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LA HISTORIA Y ANÉCDOTAS DE SANTA TECLA

La historia de Santa Tecla y sus muchas anécdotas bien merecían ser escritas y nadie más apropiado para hacerlo que un tecleño, nieto, hijo, padre y abuelo de tecleños, como lo es Ernesto Rivas Gallont.

Su libro, narra en forma amena y precisa la historia de la que hubiera sido la capital de la República, después del terremoto que destruyó San Salvador en 1854. El distinguido intelectual salvadoreño, arquitecto Luis Salazar Retana, al presentar el trabajo de Rivas Gallont dice que: “El libro no sólo es amor y devoción, es un libro de erudición y tesonera investigación el cual no deja cabo suelto de la historia de Santa Tecla, y nos permite, a través de actas y documentos, seguir, paso a paso, el surgimiento de un sueño que quiso ser la capital de este minúsculo país”.

La historia de la Ciudad de las Colinas escrita por Rivas Gallont, es el resultado de una investigación exhaustiva de lo ocurrido allí, desde cuando el presidente José María San Martín decretó su fundación, pasando por la obstinada decisión de Gerardo Barrios cuando el 29 de junio de 1858, en un apasionado manifiesto dirigido a la ciudadanía, expuso los motivos que tuvo para tomar la trascendental decisión de volver la capital a su sede original, hasta la destrucción de la ciudad por los terremotos del 2001.

El relato revela información poco conocida sobre el desarrollo de la ciudad y los obstáculos encontrados en el camino. Cuenta cómo las grandes decisiones políticas afectaron en mayor o menor forma el duro proceso de organización de una nueva capital y el esfuerzo de gobiernos municipales integrados por verdaderos valores humanos, quienes obtuvieron experiencia sobre la marcha, mientras administraban el municipio sometidos a estrecha vigilancia y dependencia de un gobierno central en eterna crisis.

Dentro de la seriedad que un relato histórico demanda, el autor introduce anécdotas históricas seguras de arrancar sonrisas al más circunspecto lector, como cuando cuenta de la participación de miembros de la banda municipal en un levantamiento contra el cuartel de la ciudad, que él llama “La revuelta de los músicos”.

No se había secado la tinta del acta en la cual el gobierno municipal, presidido por don Rafael Guirola Duke, acompañado de los personajes más importantes de la ciudad, congratulaba al gobierno por la integración de la República de los Estados Unidos de Centro América, cuando el general Tomás Regalado atacó el “Cuartel Quemado” donde el presidente Rafael Antonio Gutiérrez presidía el memorable acto. Victorioso, el general Regalado se hizo presente en el cuartel, saludó muy cordialmente al presidente Gutiérrez y lo invitó a abandonar el país rumbo a San Francisco, California. Montado sobre una mula que el mismo Regalado le prestó, Gutiérrez salió hacia a La Libertad. Había muerto, antes de nacer, el sueño centroamericanista.

Trabajo harto difícil seguramente fue la selección de los personajes que dejaron huellas más profundas en el desarrollo de la ciudad y, sobre todo, escoger entre ellos a quien más se distinguió. Para el caso, Rivas Gallont decidió que el honor debía recaer en el Dr. Manuel Gallardo, médico oftalmólogo graduado de las mejores universidades de Guatemala, París y Londres, quien dedicó la mayor parte de su vida útil al servicio de Santa Tecla.

Luego del relato histórico que lo deja a uno con la satisfacción de conocer mejor la ciudad otrora señorial, el autor dedica la segunda parte de su libro a relatar anécdotas, muchas de ellas con dubitable fundamento en la inventiva de los habitantes de la presunta capital. Con mucho cariño y evidente nostalgia describe a personajes quienes forman parte inolvidable de días pasados. También nos recuerda el autor de las fiestas de Navidad con sus carrozas y bulliciosas alboradas.

La descripción de las calles y avenidas de la ciudad años antes de que el progreso las alcanzara con la pavimentación, seguramente tendrá como efecto la añoranza de mejores tiempos, para aquellos residentes que ahora peinan muchas canas.
La fecha de fundación de la ciudad es objeto de uno de los más simpáticos capítulos del libro. Fue tema de un largo y agudo debate entre el médico y poeta tecleño, Alberto Rivas Bonilla, tío del autor, y los historiadores Roberto Molina y Morales y Jorge Lardé y Larín, interlocutores de la Academia Salvadoreña de la Historia.

Al relatar el autor una simpática aventura amorosa entre una guapa gitana y un alebrestado bachiller, nunca revela su identidad; pero muchos que vivieron de cerca la escapada amorosa saben que se trató de su propio hermano.

Para finalizar, citando nuevamente al arquitecto Salazar Retana: “Pocos como Ernesto Rivas Gallont, han tenido el suficiente amor, y el admirable empeño de rescatar del olvido, la historia de su ciudad y darnos la razón para sentirnos orgullosos de ella. Un esfuerzo admirable, constructivo, digno de los mejores elogios y de los mejores frutos”.

 

 

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