| LA HISTORIA
Y ANÉCDOTAS DE SANTA TECLA La historia
de Santa Tecla y sus muchas anécdotas bien merecían
ser escritas y nadie más apropiado para hacerlo que un tecleño,
nieto, hijo, padre y abuelo de tecleños, como lo es Ernesto
Rivas Gallont.
Su libro, narra en forma amena y precisa la historia de la que hubiera
sido la capital de la República, después del terremoto
que destruyó San Salvador en 1854. El distinguido intelectual
salvadoreño, arquitecto Luis Salazar Retana, al presentar
el trabajo de Rivas Gallont dice que: “El libro no sólo
es amor y devoción, es un libro de erudición y tesonera
investigación el cual no deja cabo suelto de la historia
de Santa Tecla, y nos permite, a través de actas y documentos,
seguir, paso a paso, el surgimiento de un sueño que quiso
ser la capital de este minúsculo país”.
La historia de la Ciudad de las Colinas escrita por Rivas Gallont,
es el resultado de una investigación exhaustiva de lo ocurrido
allí, desde cuando el presidente José María
San Martín decretó su fundación, pasando por
la obstinada decisión de Gerardo Barrios cuando el 29 de
junio de 1858, en un apasionado manifiesto dirigido a la ciudadanía,
expuso los motivos que tuvo para tomar la trascendental decisión
de volver la capital a su sede original, hasta la destrucción
de la ciudad por los terremotos del 2001.
El relato revela información poco conocida sobre el desarrollo
de la ciudad y los obstáculos encontrados en el camino. Cuenta
cómo las grandes decisiones políticas afectaron en
mayor o menor forma el duro proceso de organización de una
nueva capital y el esfuerzo de gobiernos municipales integrados
por verdaderos valores humanos, quienes obtuvieron experiencia sobre
la marcha, mientras administraban el municipio sometidos a estrecha
vigilancia y dependencia de un gobierno central en eterna crisis.
Dentro de la seriedad que un relato histórico demanda, el
autor introduce anécdotas históricas seguras de arrancar
sonrisas al más circunspecto lector, como cuando cuenta de
la participación de miembros de la banda municipal en un
levantamiento contra el cuartel de la ciudad, que él llama
“La revuelta de los músicos”.
No se había secado la tinta del acta en la cual el gobierno
municipal, presidido por don Rafael Guirola Duke, acompañado
de los personajes más importantes de la ciudad, congratulaba
al gobierno por la integración de la República de
los Estados Unidos de Centro América, cuando el general Tomás
Regalado atacó el “Cuartel Quemado” donde el
presidente Rafael Antonio Gutiérrez presidía el memorable
acto. Victorioso, el general Regalado se hizo presente en el cuartel,
saludó muy cordialmente al presidente Gutiérrez y
lo invitó a abandonar el país rumbo a San Francisco,
California. Montado sobre una mula que el mismo Regalado le prestó,
Gutiérrez salió hacia a La Libertad. Había
muerto, antes de nacer, el sueño centroamericanista.
Trabajo harto difícil seguramente fue la selección
de los personajes que dejaron huellas más profundas en el
desarrollo de la ciudad y, sobre todo, escoger entre ellos a quien
más se distinguió. Para el caso, Rivas Gallont decidió
que el honor debía recaer en el Dr. Manuel Gallardo, médico
oftalmólogo graduado de las mejores universidades de Guatemala,
París y Londres, quien dedicó la mayor parte de su
vida útil al servicio de Santa Tecla.
Luego del relato histórico que lo deja a uno con la satisfacción
de conocer mejor la ciudad otrora señorial, el autor dedica
la segunda parte de su libro a relatar anécdotas, muchas
de ellas con dubitable fundamento en la inventiva de los habitantes
de la presunta capital. Con mucho cariño y evidente nostalgia
describe a personajes quienes forman parte inolvidable de días
pasados. También nos recuerda el autor de las fiestas de
Navidad con sus carrozas y bulliciosas alboradas.
La descripción de las calles y avenidas de la ciudad años
antes de que el progreso las alcanzara con la pavimentación,
seguramente tendrá como efecto la añoranza de mejores
tiempos, para aquellos residentes que ahora peinan muchas canas.
La fecha de fundación de la ciudad es objeto de uno de los
más simpáticos capítulos del libro. Fue tema
de un largo y agudo debate entre el médico y poeta tecleño,
Alberto Rivas Bonilla, tío del autor, y los historiadores
Roberto Molina y Morales y Jorge Lardé y Larín, interlocutores
de la Academia Salvadoreña de la Historia.
Al relatar el autor una simpática aventura amorosa entre
una guapa gitana y un alebrestado bachiller, nunca revela su identidad;
pero muchos que vivieron de cerca la escapada amorosa saben que
se trató de su propio hermano.
Para finalizar, citando nuevamente al arquitecto Salazar Retana:
“Pocos como Ernesto Rivas Gallont, han tenido el suficiente
amor, y el admirable empeño de rescatar del olvido, la historia
de su ciudad y darnos la razón para sentirnos orgullosos
de ella. Un esfuerzo admirable, constructivo, digno de los mejores
elogios y de los mejores frutos”. |